Amílcar Fonseca Biografía
Amílcar Fonseca Biografía
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Ángel Carnevali Monreal Amílcar Fonseca Samuel Barreto Peña Mario Briceño Perozo Juan Bautista Carrillo Guerra José Ramón Heredia Manuel Fernando Mendoza Pedro A. Santiago Ramón Urdaneta Asdrúbal Colmenárez Quiroz
Amílcar Fonseca
El Dr. Amílcar Fonseca nace en la ciudad de Trujillo el 19 de mayo de 1870. Es el primogénito del matrimonio de José Félix Fonseca, maestro de primera enseñanza, y de Catalina Testa. Su niñez se desenvuelve en un medio donde se ignoran los acontecimientos del mundo. Caracas, la capital, está lejos, muy lejos de la pequeña ciudad andina; tanto, que las pocas personas que pueden realizar el viaje entre una y otra urbes, tienen que viajar primero a Maracaibo, confiando su vida a pequeños barcos que desde La Ceiba, Moporo o La Dificultad, caseríos lacustres, de la zona baja del Estado Trujillo, toman rumbo a Maracaibo; ahí los viajeros trasbordan a un navío que, antes de conducirlos a La Guaíra, toca en la isla holandesa de Curazao. Entonces los caudillos, comerciantes y hacendados trujillanos, cuando se veían precisados a trasladarse a la capital de la República, hacían testamento y se confesaban para afrontar los peligros de la azarosa travesía. Idénticas precauciones postmorten adoptaban, si por temor a los naufragios, decidían adentrarse por las múltiples rutas infestadas de partidas de bandoleros o alzados contra el Gobierno, atravesando los Estados Lara, Yaracuy, Carabobo, Aragua y Miranda.
A los seis años de edad, Amílcar es confiado a su tía Eloísa Fonseca. Esta, educadora de prestigio, lo lleva a su Escuela de niñas, donde estudian las hijas de las familias más distinguidas de la vieja ciudad de García de Paredes. Allí entre los mimos de sus infantiles compañeras y la severa disciplina de la maestra, Amílcar aprende a leer y escribir y recibe los principios básicos de la doctrina cristiana. Pero el niño crece y de acuerdo con las rígidas costumbres de la época, no resulta conveniente que continúe confundido entre faldas y criznejas. De modo que pasa a manos del padre, Don José Félix, quien lo instruye en las nociones de gramática castellana y lo hace memorizar las cuatro tablas de la aritmética elemental. De otro tío también institutor, Don Francisco de Paula Martínez, recibe clases de historia y geografía. El esmero que estos deudos ponen en inculcar a Amílcar conocimientos y principios, despierta en él firme interés por el estudio. Así cuando ingresa en la Escuela Nº 194, dirigida por Don Edmundo Añez Casas, el niño comienza a distinguirse como uno de los alumnos más disciplinados y estudiosos. Al finalizar su primer curso de enseñanza oficial. Amílcar, después de las pruebas de rigor, recibe en premio un ejemplar de la obra “Tratado de Ortología y Ortografía", por José Manuel Marroquín, con la siguiente dedicatoria: "Dedico esta obrita al adelantado y talentoso joven Amílcar Fonseca por el brillante, examen que presentó, el 20 de diciembre de 1881, en la Escuela Nº 194. Edmundo Añez".
A los once años Amílcar Fonseca está en condiciones de ingresar al Colegio Federal de Primera Categoría que funciona en su terruño. Pero es preciso esperar un año para ser admitido conforme a los estatutos legales de institución pública. En 1882 se inscribe en el Plantel para cursar el bachillerato en filosofía y luego la carrera de profesional del Derecho. En aquellos lejanos días el mismo instituto educacional estaba facultado para impartir la enseñanza media y superior, esta última en el ramo de las ciencias jurídicas y de pedagogía exclusivamente, por lo cual se le distinguía con la denominación de Colegio de Primera Categoría. Al ingresar Amílcar Fonseca en el Colegio Federal, el Dr. Jesús María Llavaneras, notable médico, graduado quizás en la Universidad del Zulia, ejerce las funciones de Rector, y Don Máximo Briceño, las de Vicerector. Con Fonseca cursan estudios otros coterráneos suyos que al correr de los años llegaron a distinguirse en los campos de la política, el foro y la docencia. Tales son sus primos hermanos Trino Baptista Martínez, Pedro y Luis Martínez Salas, y sus amigos Mateo Troconis, Francisco Javier Pimentel, Neftalí Valera Hurtado y José Tomás Carrillo Márquez. Este grupo de jóvenes permanecerán unidos de por vida por lazos de fraterna amistad y por el común y entrañable amor a la región nativa.
En 1891 Amílcar Fonseca recibe el título de Doctor en Ciencias Políticas y emprende el ejercicio profesional con el carácter de Procurador hasta alcanzar el título de Abogado de la República que le confiere en 1899 la Corte Suprema del Estado Trujillo, integrada por los eminentes juristas Juan Nepomuceno Urdaneta, Benito G. Andueza y Melquíades Parra. Los años de juventud de Amílcar Fonseca se caracterizan por las luchas entre godos y liberales que mantienen en zozobra los quietos pueblos andinos. Se barajan con frecuencia los nombres de Pedro y Manuel Salvador Araujo, Leopoldo Baptista, Espíritu Santo Morales, Rafael González Pacheco, Rafael Montilla, Blas Briceño (El Chato), Eugenio Montaño, Pedro jugo, Manuel Durán, y otros connotados personajes que se disputan el poder regional, coincidiendo con acontecimientos que, en escala nacional, condicionan los rumbos de la política, como el continuismo impulsado por el Dr. Raimundo Andueza Palacio, Presidente de la República, la Revolución Legalista dirigida desde las llanuras del Guárico por el General Joaquín Crespo, el nacionalismo liderízado por el General José Manuel Hernández (El Mocho) y finalmente la Revolución Restauradora de los Generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez que desde la frontera occidental de Los Andes emprende la aventura integracionista que culmina con la toma del Capitolio Federal, presurosamente abandonado por el General Ignacio Andrade.
El Dr. Amílcar Fonseca por su parentesco con los Martínez se inclina al liberalismo, cuyos personeros son el Dr. y General Rafael González Pacheco y Rafael Montilla, Pero ese mismo vínculo familiar y las comunes vivencias estudiantiles lo mantienen estrechamente ligado al Dr. Trino Baptista, joven personalidad en promisor ascenso político al lado del Doctor y General Leopoldo Baptista, quien, muerto el General Juan Bautista Araujo, ha heredado la jefatura del poderoso conservatismo trujillano. Fonseca, consecuente con su disposición a los estudios humanísticos y poco propenso a la acción armada, se mantiene por encima de las contiendas locales, cultivando el aprecio de todos, tirios y troyanos, güelfos y gibelinos.
El joven Dr. Fonseca combina entonces sus actividades de jurista con las de investigador de los anales de su tierra andina. En sus incursiones por montañas y pueblos de su provincia, recoge valiosos testimonios del pasado precolombino. En los repositorios de documentos de las Oficinas de Registro Público descubre interesantes datos sobre la historia colonial de las comarcas de los indios cuicas. Su profesor, Don Rafael María Urrecheaga, le proporciona un cuaderno en el que el viejo sabio ha recogido voces del antiguo idioma de los aborígenes. El Dr. Fonseca escribe y divulga estos temas en los periódicos locales y alcanza nombradía como polígrafo especializado en asuntos de historia y etnología regional. En 1910, motivados por esta labor desinteresada y perseverante, el Dr. Fonseca es propuesto como miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia por los ilustres académicos Pedro Arismendi Brito, Eduardo Blanco, Rafael Villavicencio, Felipe Tejera, Eloy G. González y Ángel César Rivas. En 1913, la Sociedad de Historia y Numismática Americana, con sede en Buenos Aires, República Argentina, lo designa también miembro correspondiente en Trujillo de Venezuela. El Dr. Fonseca, estimulado por las cartas amistosas que recibe concernientes a su labor investigativa, establece correspondencia frecuente con importantes personalidades científicas del país y del extranjero, tales como el Dr. Alfredo Jahn, Don Tulio Febres Cordero, Don Julio Salas, el Dr. Luís Oramas, el Dr. Bartolomé Tavera Acosta, el Dr. John Barret, Director General de la Unión Panamericana, el Dr. Robert Leliman Nistche, director de la sección antropológica del Museo de la Plata y el Dr. Ribet, de la "Socíeté des Americanistes" de París.
En 1916 llega a Trujillo un sabio norteamericano, el Dr. Herbert J. Spinden, quien visita al Dr. Fonseca para conocer su ya famosa colección de escultura, cerámica y manualidades indígenas. El sabio le propone comprar la valiosa colección para destinarla al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. El Dr. Fonseca sonriente rechaza la tentadora proposición en dólares constantes y sonantes y manifiesta al eminente profesor que “aquellos cacharros eran invalorables para él". Igual respuesta dará, años después, a un emisario del Dr. Rafael Requena, Secretario del General Juan Vicente Gómez, y aficionado a los estudios antropológicos, cuando le es ofrecido el nombramiento de Secretario General del Estado Trujillo, a cambio de enviar "sus cacharros" para incorporarlos al patrimonio antropológico del influyente médico. El Dr. Fonseca, siempre sonriente y cortés, replica al oferente funcionario: "Si para llegar a Secretario General de Trujillo o de otro Estado, necesito desprenderme de mi colección o siquiera uno de mis cacharros, tenga por seguro que nunca alcanzaré tan alto honor". Calibraba el Dr. Fonseca con estas palabras la alta jerarquía político‑administrativa que entonces significaba desempeñar el cargo de Secretario General de Gobierno, pues para este destino sólo se designaban hombres de notoria capacidad intelectual, por cuanto los Presidentes de Estado eran escogidos entre los servidores de mayor confianza del Jefe del País, por lo general muy valientes, pero la mayoría escasamente idóneos para las tareas complejas de la Administración Pública.
En 1919 el Dr. Fonseca se traslada a Maracaibo, llamado por su amigo y coterráneo el Doctor y General José de Jesús Gabaldón, quien se desempeña como Presidente del Estado Zulia. El Dr. Fonseca, gracias a la influencia del gobernante, es designado consultor jurídico del Concejo Municipal del Distrito Mara, cargo modesto, aunque decorosamente remunerado, pero que le permite el ejercicio libre de su profesión de abogado. El Dr. Fonseca encuentra en Maracaibo un ambiente muy propicio para el desenvolvimiento de sus inquietudes culturales. Allí establece cordiales relaciones con un distinguido y notable grupo de escritores, poetas, juristas y científicos, empeñado en hacer de la urbe una versión tropical de la Atenas de Pericles. El Dr. Fonseca cultiva la amistad de los grandes poetas Udón Pérez y Elías Sánchez Rubio, del gran jurista marabino Dr. Ramiro Antonio Parra, del famoso bardo parnasiano Jorge Smidke, de los distinguidos escritores Don Arístides Urdaneta, Doctor Marcial Hernández, Carlos Medina Chirinos, Rogelio Yllarramendi, Octavio Hernández, Carlos Alberto jugo, Dr. Carlos Montiel Molero, Olinto Bohórquez, Ramón Villasmil y Manuel González Herrera, estos dos últimos directores del diario "Panorama", en cuyas columnas colabora con asiduidad el escritor trujillano con temas de historia y legislación.
En 1922, terminado el mandato de su amigo el Dr. Gabaldón, Fonseca regresa a Trujillo con su bagaje intelectual ampliamente enriquecido y con nuevos bríos para continuar su labor de jurista e investigador en el campo de la historia y de la proto‑historia regionales. El Dr. Fonseca se reincorpora además a la magistratura judicial que en oportunidad anterior había ejercido en su Estado natal.
En 1924 el Dr. Fonseca es designado diputado al Congreso Nacional por el Estado Miranda. Una vez más el Dr. José Jesús Gabaldón influye decisivamente en la designación de su amigo y coterráneo para el desempeño de funciones públicas de importancia. El Dr. Gabaldón conoce íntimamente al Dr. Fonseca, sabe de su capacidad y de su modestia, y no vacila en promoverlo cuando se trata de actividades de servicio público. El Dr. Fonseca, quien tiene ya cincuenta y cuatro años de edad, se traslada a la Capital y entra en contacto con importantes personajes de las letras y la política con los cuales había sostenido correspondencia.
En 1929, el Dr. Fonseca fija definitivamente su residencia en Caracas. El Dr. Rubén González, Ministro de Relaciones Interiores ha tenido ocasión de conocer y tratar al Dr. Fonseca durante su actuación como diputado. Se ha formado el Titular de la Cartera del Interior un muy favorable concepto de la personalidad y vocación de servicio del Dr. Fonseca, por lo cual lo propone como magistrado de la Corte Federal y de Casación, el máximo tribunal de la República. De esta manera, el modesto abogado trujillano, ajeno a las ambiciones de la política y sólo interesado en sus estudios de jurista e historiador, alcanza una alta posición en la cual nunca llegó a cifrar sus sobrias aspiraciones de ciudadano común y corriente.
Terminado su período de magistrado, el Dr. Fonseca se retiró a su residencia de Antímano, su casa estuvo siempre abierta a los jóvenes que, procedentes de la tierra trujillana, venían a Caracas a cursar estudios universitarios o a trabajar en los diversos radios de la actividad económica y social. Allí se reunían por las tardes interesantes personalidades que habían actuado en una u otra forma en los negocios públicos del país, tales corno el Dr. Trino Baptista Martínez, el Dr. Máximo Barrios, el General Maximiliano Durán, el Dr. y General Roberto Vargas (El Tuerto), el General Fermín Toro, oriundo de Motatán, el Dr. Gonzalo Gabaldón, el Dr. Argimíro Urdaneta Gabaldón, el Br. José Felipe Márquez Cañizalez, y muchos otros trujillanos y centrales de valía y preocupación por los destinos del país.
El Dr. Fonseca murió en Antímano el 17 de febrero de 1937, dejando lista para ser publicada la copiosa recopilación de sus trabajos históricos. Bajo el título de "Orígenes Trujillanos" fue editada en 1957 por el Ejecutivo del Estado Trujillo, con motivo de la celebración del cuatricentenario de la fundación de la ciudad andina. El notable historiador, Dr. Ramón J. Velásquez, escribió al respecto: "El mejor desagravio a la obra del investigador y jurista trujillano injustamente desconocida, ha de ser la consulta constante que cuantos en adelante quieran escribir sobre el pasado trujillano, tendrán que realizar en las páginas de Fonseca".
(Biografía tomada del libro “Gente de Venezuela -500 Años 585 Venezolanos” de Jorge Maldonado Parilli)
Nota: “Orígenes Trujillanos” es una obra que compendia textos propios del autor, documentos históricos coloniales y republicanos y textos de valor etnológico y lingüístico. Según testimonios de cronistas como Mario Briceño Iragorry, junto a testimonios orales, el autor habría recibido de uno de sus maestros, el sabio Rafael María Urrecheaga, los cuadernos de notas de sus estudios etnológicos e históricos, y éstos habrían servido de base para la composición de este libro fundamental de nuestra cultura trujillana. De cualquier modo, todo parece apuntar a una labor continua de estudios entre generaciones ligadas por similares búsquedas y estudios compartidos.