Las historias familiares dan forma a nuestra identidad

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“Te contaré una historia de cuando tenía tu edad”. ¿Cuántos de nosotros recordamos haber oído eso de nuestros padres a la hora de dormir cuando éramos niños? ¿Cuántos de nosotros lo hemos dicho a nuestros propios hijos o nietos? Además del tiempo de calidad que estrecha lazos, el hecho de compartir historias familiares puede enriquecer la relación, además de la gran cantidad de beneficios que han descubierto expertos e investigadores, tanto para el oyente como para el narrador.

Establecen nuestra identidad esencial

Las historias familiares impactan directamente la manera en que nos vemos a nosotros mismos porque nos dan una idea de nuestro origen y de cómo encajamos en nuestra familia. Cada historia familiar es como un hilo en un tapiz tejido con diseños, colores y modelos hermosos y complejos. Al igual que el tapiz, somos una combinación de cultura, historia y tradiciones que hemos heredado de nuestra propia familia.

Robyn Fivush, quien es investigador de narrativa familiar, determinó que al compartir historias familiares, se aporta al emergente sentido de identidad de los niños, tanto de manera individual como en calidad de miembro de una familia unida. Los adolescentes que pueden relatar aspectos específicos y detalles de las historias de su familia tienen una autoestima más elevada y una mayor resiliencia. Esto les aporta un sentimiento de pertenencia y crea una identidad esencial que se convierte en una fuente de empoderamiento personal.

Fortalecen la fe en nosotros mismos

El hecho de compartir historias familiares nos ayuda a evaluar las acciones de otras personas y a darle significado al pasado. Al enfrentar desafíos, podemos obtener fortaleza de las historias de parientes que también lucharon con dificultades y obstáculos similares, los cuales al final lograron superar.

Durante su discurso de apertura de RootsTech 2016, David Isay, fundador y presidente de StoryCorps, compartió una grabación de audio de un hombre llamado Lynn Weaver que contaba un relato a su hija acerca de su padre, Ted Weaver, quien trabajaba como conserje y chofer a fin de proveer para su familia. Una noche, después de batallar con sus deberes de álgebra, Lynn se dio por vencido y se fue a dormir. Ted despertó a Lynn a las 4 de la mañana, después de haberse quedado levantado toda la noche para leer el libro de álgebra y aprender los conceptos a fin de poder enseñárselos a su hijo. Lynn, quien llegó a ser un cirujano de renombre, posteriormente le dijo que su hija: “Hasta el día de hoy, vivo mi vida tratando de ser la mitad del hombre que mi padre fue”.

Las historias de perseverancia y resiliencia como esta nos ayudan a fomentar la fe en nosotros mismos. El saber que nuestros antepasados triunfaron por encima de sus dificultades nos da la fe y la esperanza de que nosotros también lo haremos.

Aumentan la empatía

El hecho de escuchar los relatos de nuestra familia y de aprender en cuanto a las dificultades que enfrentaron nos ayuda a sentir comprensión, compasión y empatía por ellos. Isay señaló: “El poder de las historias auténticas, de las historias del corazón… el poder para construir puentes entre la gente, puentes de compresión, es infinito”.

Al escuchar los relatos de familiares que nos han precedido, a menudo descubrimos que seguimos sendas similares. Vemos hilos e intersecciones comunes en nuestras historias. “Recorremos los pasos de esa persona y reconocemos un poco de nosotros mismos en ella”, apuntó Isay. Cuanto más leemos y escuchamos, más llegamos a ver que tenemos más similitudes que diferencias. Las historias compartidas nos vuelven el corazón hacia nuestros padres, madres y antepasados.

Testifican de la verdad

Los relatos de familia son testimonios de experiencias personales y de la historia cultural. La combinación de cartas, diarios, relatos orales, fotografías y videos que cuentan nuestras historias testifican de verdades sencillas. Presentan a nuestros familiares y sus vivencias a través de un lente auténtico, por lo que podemos comprender mejor cómo eran realmente.

En un mundo donde puede ser difícil distinguir la verdad, es cada vez más importante tener esas fuentes en las que sabemos que podemos confiar. “Estamos rodeados de tantos conceptos absurdos, que no sabemos lo que es real y lo que es publicidad. Sin embargo, los relatos que recopilamos y las historias de nuestra familia, son auténticos”, recalcó Isay. Al compartir tus experiencias llevas otra voz auténtica al mundo y testificas a tu familia y a tus seres queridos de las verdades que has aprendido a lo largo de la vida.

¿Qué puedes hacer?

Así que, ¿qué puedes hacer para brindar estos y muchos otros beneficios a tu propia familia? Isay indicó: “Escuchar es un acto de amor. Un lugar donde dos personas hablan y hacen las preguntas que siempre han querido hacer es un espacio sagrado”. Si deseas tener una familia más feliz y más resiliente, crea esos espacios sagrados y cuenta tus historias. Puedes empezar ahora mismo. Habla con tus hijos acerca de las tradiciones con las que creciste. Cuenta historias acerca de tu familia y tu cultura. Habla de las dificultades y los triunfos. Esa sencilla acción podría aumentar las probabilidades de que tu familia prospere durante muchas generaciones futuras.

 

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